Todo comenzó en el estado de
Jalisco, en un bonito pueblo llamado Yahualica de González Gallo. Mi edad
aproximada era de 5 años. Una de las aventuras más sanas o menos extremas que
recuerdo y la única en que no me regañaron, porque pues, a pesar de los golpes y caídas,
tenía un beneficio: de llevar unas moras
azules.
Al lado de mi casa había un enorme árbol de
moras azules, que era de mi vecina; ella era una señora muy enojona, pero buena
gente. Cuando nos veía juntos
a mis amigos y a mí, en su árbol trepados o quitándole las moras,
salía muy enojada y decía “Niños dejen mi árbol, no le quiten las moras”. Nosotros
de inmediato bajábamos, corríamos y regresábamos, pero después de un tiempo, la
señora cambiaba de opinión y decía “Miren niños pueden tomar moras de mi árbol.
Las que recolecten me dan una parte a mí”. Entonces sacaba una cubeta, la cual debíamos
llenar. Nosotros, después de que ya
teníamos el permiso de la señora, nos trepábamos en el árbol y empezábamos con
la colecta de moras azules. La táctica era esta: mientras yo me subía al árbol
y lo agitaba, las moras caían al suelo y los otros niños las recogían y las colocaban
en cubetas, o con lo que halláramos para recolectarlas. Nos pasábamos alrededor
de tres horas y era muy cansado, pero también muy divertido.
Debo confesar que teníamos bastantes
accidentes, por ejemplo: golpes, rasguños y algunas picaduras de insectos. Incluso entre nosotros peleábamos; por llenar más rápido los recipientes y nos
las robábamos entre nosotros. Nos hacíamos trampas que eran comunes entre nosotros, y
terminábamos enojados, pero todas las
moras que necesitábamos estaban en los recipientes. Tocábamos a la puerta de la señora y le entregábamos las moras que le correspondían. Después nos íbamos
a mi casa, las lavábamos y mi mamá o un
familiar hacían agua fresca o licuado, o las picaba para comer o beber.
Ya salíamos con nuestras moras convertidas en algo más rico y nos sentábamos en
la banqueta, y cada uno de nosotros platicaba como le gustaría que mi mamá les preparara
las moras, la siguiente vez que recolectáramos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario