Tocaron a la puerta de mi casa. Al abrir un amigo me saludó. En sus manos tenía un pequeño cachorro de raza French Poodle de color blanco, con un moño rosa en su pequeña orejita. Me sorprendí al ver al cachorro. Él enseguida, lo puso en mis manos y dijo: “Ahora es tuyo.” Le di las gracias y él se fue. Después, estaba con el perrito en mi recámara. Me sentía feliz. Lo acurruqué y lo acaricié.
Yo jamás tuve una mascota. Mi madre es muy
estricta y delicada. Ella le tiene temor a los gérmenes y no le agradan los
animales en casa y mucho menos convivir con ellos. Para mi fortuna.
Mi padre y mi madre se encontraban de vacaciones. Regresarían hasta una semana después. En el
transcurso de la semana, yo atendí al cachorro. Estaba muy contenta con la
presencia de la mascota en casa. Mis padres llamaban por teléfono cada noche. Un
día antes de que ellos llegaran. Hable con mi padre por teléfono y le dije: “Papi
les tengo una sorpresa”. Él insistió en que le dijera qué tramaba. No dije nada
y solo reía.
Cuando llegaron. Yo aún estaba dormida. Solo
escuche los ruidos y un tremendo grito de mi madre: — ¿Qué es esto?
¡No, no, no! Me levante enseguida y fui hacia ellos. Mi padre solo tenía su
carita de… “té van a regañar”. Sonreía burlescamente mientras cargaba al
cachorro y lo acariciaba. Mi madre, hacía un drama terrible. Hasta según ella,
se le iba la respiración del coraje. Yo con carita burlona. Explicaba que:
me lo habían obsequiado. Que me dejaran tenerlo. Simplemente, mi madre no
entendía razones. Yo enojada tomé al cachorro y me fui a mi cuarto.
Después hablando con mi padre. Él me dijo, que estaba de acuerdo, pero prefería
no estar enojado con mi madre. Al permitir que yo tuviera un cachorro. Yo
solo callaba. Yo sabía que no haría cambiar de opinión a mi madre, sobre el
cachorro. Busqué a quién regalarlo. No fue difícil encontrar quién lo adoptara.
Ya que era hermoso y daba ternura al verlo.
Esa tarde lo regalé. Fue un sentimiento feo. Incluso
lloré por cinco horas sin parar. Mi padre me consolaba, palmeaba mi
cabeza y espalda. Mi madre seguía orgullosa sin dirigirme la palabra. Ni
regalando al cachorro le di gusto.
Ahora que mi amigo pregunta, ¿Cómo está el
perrito? con la voz temerosa contesto; ¡está muy bien!
No hay comentarios:
Publicar un comentario